La deficiencia de alfa1-antitripsina es una enfermedad genética que afecta a unas 100.000 personas en Estados Unidos y a millones más en todo el mundo. Daña los pulmones de forma progresiva.
Hasta ahora, los científicos no entendían por qué solo entre el 10% y el 15% de los pacientes también termina con daño en el hígado, mientras que el resto parece estar a salvo de ese problema.
Un equipo de la Universidad de Washington en St. Louis, Estados Unidos, acaba de encontrar una respuesta, y es más sorprendente de lo que parece.
Los investigadores descubrieron un sistema de defensa completamente desconocido que el propio cuerpo usa para proteger al hígado de las proteínas defectuosas acumuladas en sus células. El estudio se publicó en la revista Nature Communications.

Las células fabrican proteínas todo el tiempo, pero a veces cometen errores: algunas salen mal formadas y se pegan entre sí, como chicle microscópico. En personas con esta enfermedad, esas proteínas pegajosas se acumulan en el hígado y, con el tiempo, lo dañan seriamente.
Lo que nadie sabía es que el cuerpo tiene una respuesta secreta ante ese problema.
Los científicos la llamaron “respuesta a proteínas polimerizadas”, un nombre técnico para describir algo concreto: cuando las proteínas defectuosas se unen en cadenas largas y el cuerpo las detecta, activa una alarma interna que protege a las células del hígado antes de que el daño ocurra.
Esa alarma se dispara dentro del retículo endoplasmático, que es la fábrica de proteínas de cada célula. Al detectar la acumulación de proteínas pegajosas, esta estructura pone en marcha una señal de defensa que viaja a través de una molécula llamada Derlin-2, que funciona como un interruptor.

Al activarse, enciende otra molécula que actúa como directora de orquesta y lanza un programa genético que protege la célula del daño.
“Mientras esta señal esté activa, las células pueden soportar la presencia de estas proteínas”, explicó David Perlmutter, médico y autor principal del estudio. “Permite que las células se mantengan sanas a pesar de todo”.
La mayoría de los pacientes tiene este sistema activo, y por eso su hígado aguanta. En quienes el sistema falla, el daño aparece. Eso explica por qué la misma enfermedad golpea de forma tan distinta a unas personas y a otras.

El hallazgo abre una posibilidad muy concreta para la medicina. Si los médicos logran identificar qué pacientes tienen este mecanismo activo y cuáles no, pueden predecir con anticipación quiénes tienen mayor riesgo de necesitar un trasplante de hígado, incluso antes de que el daño sea visible en análisis o estudios.
Este descubrimiento también complementa algo que los científicos ya conocían: la “respuesta a proteínas no plegadas”, otro sistema de defensa celular que maneja proteínas mal formadas pero de un tipo diferente.
Ahora queda claro que el cuerpo tiene dos sistemas distintos, uno para cada tipo de proteína problemática. Dos alarmas, dos amenazas distintas, y una célula mejor preparada de lo que se creía.
Este mecanismo tampoco es exclusivo de la deficiencia de alfa1-antitripsina. Los experimentos mostraron que también se activa en la esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA, una enfermedad que destruye las neuronas responsables del movimiento del cuerpo.
También aparece en una forma rara de demencia relacionada con la edad y en la diabetes insípida hereditaria, una condición en la que el cuerpo pierde la capacidad de regular el agua correctamente.

Todas comparten un rasgo en común: proteínas que se pegan de forma anormal dentro de la fábrica celular. Por eso el mismo sistema de defensa entra en acción en cada una de ellas, lo que convierte este hallazgo en algo con alcance mucho más amplio de lo que se pensaba al inicio.
El equipo de Perlmutter sigue con la investigación para descifrar todos los detalles de este mecanismo. Buscan usar ese conocimiento para desarrollar nuevas terapias y estrategias de prevención que puedan cambiar el curso de estas enfermedades antes de que el daño sea irreversible.
por INFOBAE