Ramon Alfonso, socio de NORZ Patrimonia EAF, analiza una de las operaciones más esperadas del mercado: la posible OPV de SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk valorada en hasta 2 billones de dólares.
Qué es SpaceX y por qué su salida a bolsa importa
SpaceX —Space Exploration Technologies Corp.— es la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk, también conocido por Tesla. Nacida con el objetivo declarado de abaratar el acceso al espacio y, a largo plazo, hacer posible la colonización de Marte, la empresa se ha convertido en las dos últimas décadas en el actor privado más relevante del sector.
Su negocio combina varias líneas de actividad: el lanzamiento de cohetes reutilizables, el transporte de carga y astronautas, el servicio de internet por satélite Starlink y el desarrollo de Starship, el vehículo gigante con el que Musk aspira a llegar a Marte. Esa diversidad explica tanto su atractivo como su complejidad de cara a una valoración bursátil.
Hasta ahora, SpaceX no cotizaba en bolsa: era una empresa privada, accesible solo para inversores institucionales y grandes patrimonios a través de rondas de financiación. Una eventual salida a bolsa (OPV u «oferta pública de venta», IPO por sus siglas en inglés) cambiaría ese escenario y abriría —al menos en teoría— la puerta al inversor particular. De ahí el enorme interés que está despertando la operación.
Un giro reciente en la postura de Elon Musk
Durante años, la salida a bolsa de SpaceX fue un horizonte lejano. El propio Musk repitió en numerosas ocasiones que no quería cotizar la compañía hasta que el negocio —y muy especialmente el proyecto de Marte y el desarrollo de Starship— estuviera mucho más maduro y estabilizado. Ese mensaje, sin embargo, ha cambiado en las últimas semanas.
«En mayo de 2026 han aparecido múltiples informaciones y documentos regulatorios que apuntan a que el proceso de IPO ya está en marcha», explica Ramon Alfonso, socio de NORZ Patrimonia EAF. Según las informaciones publicadas por Reuters y otros medios financieros, SpaceX habría presentado documentación ante la SEC, el supervisor bursátil estadounidense.
Una posible OPV histórica en junio de 2026
Los plazos que se manejan apuntan a un calendario inminente. De acuerdo con el análisis de Alfonso, el roadshow de la operación —la fase en la que la compañía presenta el proyecto a los inversores— podría arrancar en junio de 2026, con una fecha orientativa de debut en el Nasdaq alrededor del 12 de ese mismo mes.
La magnitud de la operación es uno de los aspectos más llamativos. La valoración estimada podría situarse entre 1,5 y 2 billones de dólares, una cifra que convertiría a esta colocación en una de las mayores salidas a bolsa de la historia.
El socio de NORZ Patrimonia introduce, no obstante, una nota de prudencia: los plazos todavía no están confirmados y, por tanto, tanto las fechas como los términos de la operación podrían modificarse antes del debut.
Cómo puede entrar un inversor particular
Para quien quiera participar, Alfonso distingue varias vías, cada una con sus propias implicaciones.
La opción más directa es acudir al tramo minorista de la propia OPV. Para ello, el inversor debe registrarse en el proceso de compra de acciones antes de la fecha de inicio de cotización. En la práctica, esto exige localizar un bróker o una entidad financiera que forme parte del sindicato colocador —el grupo de entidades encargadas de distribuir las acciones— y que tenga acceso a las IPO del mercado estadounidense, y comunicarle en los días previos la voluntad de participar.
Aquí aparece, sin embargo, una primera limitación. «La salida a bolsa de SpaceX parece que puede estar muy sobredemandada», advierte Alfonso. La experiencia en operaciones de este tipo enseña que, cuando la demanda es muy superior a la oferta, los inversores minoristas suelen recibir asignaciones muy pequeñas o, directamente, ninguna, ya que las instituciones y los grandes clientes tienden a tener prioridad.
La segunda vía consiste en esperar a que la acción cotice y comprarla en el mercado. También en este caso Alfonso recomienda cautela: las expectativas apuntan a que la colocación puede estar sobrevalorada, y el inversor corre el riesgo de comprar en los primeros días en pleno momento de euforia, una fase que con frecuencia va seguida de una corrección. Su recomendación es clara: para quien quiera comprar en el Nasdaq, suele compensar esperar unos días o semanas, hasta que el mercado se estabilice.
Existe, por último, una tercera fórmula más indirecta: invertir a través de vehículos o compañías que ya tienen exposición a SpaceX. Es el caso de algunos ETF y fondos sectoriales de tecnología y aeroespacial, así como de empresas cotizadas que figuran entre los accionistas de SpaceX, como Alphabet.
Los riesgos que conviene tener presentes
Alfonso es directo al enumerar los principales riesgos de invertir en SpaceX. El primero es el precio: existe la posibilidad de comprar a valoraciones desorbitadas, con múltiplos agresivos. A ello se suma la naturaleza del propio negocio, que integra diversas líneas de actividad que exigen fuertes inversiones, conllevan un elevado riesgo tecnológico y están sujetas a una regulación exigente, tanto en el ámbito aeroespacial como en el de las telecomunicaciones.
¿Invertir o quedarse fuera?
A la pregunta de qué debería considerar un particular —e incluso si lo más prudente es no entrar—, Alfonso ofrece una valoración equilibrada. Reconoce que SpaceX es «una empresa extraordinaria, tecnológicamente líder» y con claras ventajas competitivas. Las principales dificultades, matiza, proceden de las incertidumbres propias de un sector aún joven y de unas valoraciones basadas en múltiplos elevados.
Su conclusión apunta a la mesura más que al rechazo total. Para un inversor que crea en el desarrollo de esta tecnología, que acepte una volatilidad elevada y que cuente con un horizonte de medio y largo plazo, la recomendación pasa por mantener una exposición pequeña y controlada dentro de la cartera.