Llevamos todo el mes de abril esperando una finalización inmediata del conflicto con Irán, pero la realidad es que no acaba de llegar este fin. Ninguna de las dos partes quiere quedar como el que ha cedido, la realidad es que todo el mundo tiene algo que perder, los propios iraníes y también la administración Trump.
Mes que ha sido muy positivo en mercados, con una ida y vuelta que los ha enviado otra vez a máximos con unos mercados impulsados por unas expectativas de una conclusión del conflicto y una temporada de resultados empresariales que está siendo muy fuerte. La gran pregunta es si el mercado no está siendo excesivamente optimista sobre la apertura del estrecho de Ormuz, veremos…
Se confirma el cambio de sesgo de los bancos centrales, se da por hecho que el siguiente movimiento del BCE será de subir tipos, con unos datos de inflación en Europa que comienzan a alejarse del objetivo del 2%, la duración del cierre de Ormuz será clave para ver si estos datos pueden empeorar significativamente o no. Tendremos que ver cómo se comporta la FED, la administración Trump insiste en bajar tipos, pero no parece muy probable con una inflación por encima del 3% y una economía que se mantiene fuertes. Se insiste mucho en comparar este periodo con el vivido en los años 70, hay similitudes obvias, pero también diferencias sustanciales, el más importante es que la OPEP de aquellos años tenía un poder absoluto que ahora no tiene, el fuerte del patio en el sector energético son los EE. UU.
Vamos a tener unos mercados aun marcados por el conflicto de Irán, incluso aunque finalizara de manera inmediata, los precios energéticos van a ser estructuralmente más elevados durante un tiempo. Las inversiones en activos reales, infraestructuras y acciones de calidad aún tienen mucho más sentido cuando finalice el conflicto, compañías todo terreno con poder de fijación de precio, activos reales e infraestructuras son la mejor receta para este entorno geopolítico.
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